martes, 3 de enero de 2023

🙏 SOBRE LA FELICIDAD - SÉNECA 🙏

 

¡Hola, lazarillos y lazarillas! Hacía tiempo que no leía algo de filosofía y hace unas semanas me terminé este libro de Séneca publicado por Alianza Editorial: Sobre la felicidad.

He disfrutado muchísimo esta lectura porque me ha aportado grandes saberes y, sobre todo, un enriquecimiento personal. No creo en el destino, como sí ocurría en el mundo antiguo, pero parece que estaba "predeterminada" a leer este libro en el momento vital en que me encuentro.

Por ello, he querido hacer una reseña del libro introduciendo brevemente la figura de este filósofo y político romano y del estoicismo como doctrina filosófica, basándome en la espléndida introducción y los brillantes comentarios de Julián Marías que aparecen en la edición crítica de esta obra clásica. 

SOBRE SÉNECA

Lucio Anneo Séneca (4 a. C. - 65 d. C.), llamado "Séneca el Joven" para distinguirlo de su padre, fue un filósofo, político, orador y escritor romano, además de tutor y consejero del emperador Nerón.


Busto imaginario de Séneca (s. XVII). Museo del Prado

Séneca fue uno de los máximos representantes del estoicismo, escuela filosófica fundada por Zenón de Citio en Atenas a principios del siglo III a. C. La doctrina estoica se basa en tres principios: ética, lógica y física natural. Según los estoicos, no podemos controlar lo que pasa a nuestro alrededor, pero sí nuestros actos.

EL ESTOICISMO

La información de este apartado ha sido extraída de la introducción de Julián Marías en Séneca: Sobre la felicidad, Alianza Editorial, 1984.

El nombre "estoicismo" proviene del griego "stoa" '('pórtico'). En la Stoa Pelice el filósofo Zenón de Citio impartía sus enseñanzas a sus discípulos. 

El pensamiento de la estoa es sensualista: el conocimiento consiste en una interiorización de las cosas a modo de una huella o impresión que estas producen en el alma. Así pues, conocer es "apoderarse" de una cosa de un modo casi físico. 

Dios y el mundo aparecen identificados en el estoicismo: la Naturaleza es concebida como un conjunto armónico regido por un principio racional y ordenador de las cosas, que les da un sentido.

Este principio ordenador es la inteligencia, la cual se identifica con la Divinidad. Pero Dios no es entendido como una forma antropomórfica, sino como un principio que une la totalidad de las cosas mediante una ley, identificada con la razón universal.

Para los estoicos, no existe un Dios trascendente, sino que el mundo tiene un carácter divino: la existencia de Dios se desprende de la contemplación del orden y la armonía del universo. Se trata de un panteísmo, a saber: la creencia de que todo lo que existe participa de la naturaleza divina porque Dios es inmanente al mundo.

El inexorable encadenamiento de causas y efectos que rige el mundo se llama destino o hado. En De divinatione, Cicerón define el fatum como una combinación de todas las causas, cosa que haría posible la adivinación. De esta visión preestablecida del mundo se desprende un determinismo que destruye la libertad y aconseja no obrar, puesto que lo que ha de ocurrir, ocurrirá necesariamente (la llamada "razón perezosa": ¿para qué obrar si todo está predeterminado desde el principio y ligado necesariamente?).

De este modo, el universo es concebido como una obra de arte armónica, conexa y ordenada por ese principio regulador de la causalidad que determina el inevitable suceso de las cosas, por lo que el destino es considerado como providencia.

LA ÉTICA ESTOICA

Pero si en todo impera el orden divino, ¿por qué existe el mal? Según los estoicos, porque los contrarios se necesitan y se apoyan mutuamente; sin mal no hay bien, y viceversa.

La ética estoica se resume en la famosa expresión "vivir según la naturaleza". Ante todo, el ser humano debe concordar consigo mismo; ese es su bien. 

La virtud consiste en la conformidad racional con el orden de las cosas. El hombre sabio es quien está de acuerdo con la naturaleza y conforme con el destino. En cambio, el hombre irracional es aquel que no vive según su propia naturaleza, está en desacuerdo consigo mismo y con el mundo, y el destino lo arrastra en vez de conducirlo.

El concepto de "deber" no existe propiamente en la ética estoica ni, en general, en la moral antigua. El hombre obra bien cuando se guía por la razón recta y no se deja llevar por impulsos y placeres mundanos.

De este modo, se llega a una forma extrema de autarquía (el viejo ideal helénico) expresada en la fórmula famosa sustine et abstine ('soporta y renuncia') y a una ataraxia entendida como una imperturbabilidad del alma o serenidad ante las cosas que puedan ocurrirnos en la vida. 

SOBRE LA FELICIDAD

Principios estoicos derivados de la lectura:

  • Todos los seres humanos quieren vivir felices, pero no es fácil conseguir la felicidad. Uno se aleja más de ella cuanto más la busca.
  • Primero se ha de saber aquello que se busca para poder saber hacia dónde dirigirse y poder preguntarnos cuál es la vía de acceso al objeto que se desea alcanzar. La vida es breve, por lo que es necesario buscar un fin y acertar.
  • Al seguir los rumores y la opinión común se corre el peligro de errar continuamente.
  • Se ha de buscar la verdad, no la opinión.
  • La verdad y la felicidad son inseparables.
  • La felicidad se identifica con la fidelidad a lo más profundo y auténtico del propio ser.
  • El ser humano es feliz cuando está conforme con su propia naturaleza (aquello que lo define y lo hace ser lo que es).
  • Para una vida feliz, es menester que el alma esté sana y se aleje de las cosas que la irriten o alteren; se debe buscar la paz y armonía.
  • El hombre feliz es aquel que no conoce mayor bien que el que puede darse a sí mismo y aquel que desprecia los placeres. Es feliz quien no desea ni teme (moral de resistencia).
  • Es feliz quien está contento con las circunstancias presentes sin expectativas de futuro.
  • El placer y la virtud con cosas bien diferentes (crítica al epicureísmo como doctrina que identifica la felicidad con el placer).
  • La virtud es elevada, imperecedera e invencible (el virtuoso no se cansa de serlo); el placer es bajo, efímero y servil (cuanto más se consume, más se extingue y produce hastío).
  • El placer en sí no debe buscarse, sino aceptarse como algo que llega sobrevenido, sin esperarlo, como un añadido al fin que se persigue.
  • No debemos perturbarnos por aquello que no está en nuestra mano poder evitar o cambiar. Aunque no podamos ser indiferentes ante las cosas que nos ocurren, hemos de resignarnos a aceptarlas positivamente.
  • La libertad humana consiste en ser conscientes de que estamos sometidos a los designios de la naturaleza y a las condiciones de la vida mortal (determinismo).
¡Espero que os haya gustado esta reseña filosófica!

Referencia bibliográfica:

Séneca (1984): Sobre la felicidad. Introducción y comentarios de Julián Marías. Madrid, Alianza Editorial.

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